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Mi productividad. Primera parte
SER PRODUCTIVO NO DEPENDE DE LOS GENES, LA CULTURA NI EL MEDIO. ES UNA DECISIÓN.

de 9 a 6
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Raul G. Pinner

Ingeniero Industrial






Aprende

hace 1625 dias


240 seg

Seguramente has escuchado muchas veces (o has dicho) “pues que quieres, así es el mexicano”, cuando se habla de falta de compromiso, puntualidad, seguimiento, calidad, y otras tantas características ligadas a la productividad. Permíteme agravar tu frase porque podrías con toda certeza decir “el latino”, ya que es un fenómeno que también en otros países se atribuyen.

Por supuesto es una idea triste aunque bien cimentada en experiencias de todos los días; sin embargo sabes también que hay muchas personas que actúan de manera muy diferente, que son ejemplo a seguir en uno o más ámbitos de su vida e incluso tú puedes destacar en eso.

Pero no nos adelantemos y empecemos por analizar esa teoría. Visualiza el caso:

Llegas a la oficina como dicta la regla, a la hora en punto. Se supone que la jornada laboral se refiere a dedicar 8 horas de trabajo efectivo, o sea que deberías estar en tu silla e iniciando actividades en ese momento. Pero no, estás entrando al edificio y asegurándote de pasar tu credencial, poner la huella, anotarte en el libro de registro, saludar al poli o al menos ver a la cámara de seguridad para que quede asentada la evidencia de que llegaste puntual.

Ahora empieza la pasarela y, como princesa de la primavera, recorres los pasillos saludando, agregando comentarios de cortesía al azar, deteniéndote “un minutito nada más” con una que otra persona a comentar algo equis. Cuando finalmente llegas a tu sacrosanto espacio de trabajo y te sientas, notas que algo falta. Por supuesto, tu café. Así que te levantas por él. Como nadie se ha acomedido a encender la cafetera, lo haces tú y te quedas pacientemente a supervisar que funcione bien.

Por fin “te aparcas” en tu lugar, enciendes la computadora y piensas en lo más importante que deberías hacer (este tema lo platicamos en otro artículo) mientras te vas directo a tu correo personal, Facebook, Pinterest y un par más de redes sociales más para ponerte al día. En algún momento, empiezas a trabajar.

Entre las diez y las once te aqueja una presión leve en el pecho, como que te falta aire, un indicador claro de que es la hora de salir a fumar un cigarro. Lo interesante es la fuerte connotación que tiene fumar porque en el camino vas convocando a otros, incluso a no fumadores, con el argumento de “no seas cortado y convive, sólo serán cinco minutos”. En realidad, tan sólo llegar al exterior de edificio te toma más que esos cinco minutos, además del tiempo necesario para fumar y luego regresar, pero quien se preocupa por eso, ¿no?

¿Cuánto tiempo de la jornada de trabajo has desaprovechado hasta ese momento? No, a mí no me contestes, ese es un diálogo entre tu conciencia y tú, la cual por cierto te reclamara unas horas después por tenerla en la oficina hasta tarde o llevarte trabajo a casa, “porque tienes mucho que hacer y nunca logras ponerte al día”.

Mi punto es que cada decisión en esta breve historia la tomaste tú, basado en las creencias que encubren nuestra falta de productividad como “así lo hacen todos”, “yo soy así y ni como cambiarlo” o “si me pagaran más me alinearía” entre otras tantas, descartando todos los beneficios reales de hacer las cosas en tiempo, eliminando distractores y decidiendo con base en lo que es correcto realmente. ¿Cuánto tiempo se desperdicia? ¿Cuántos conflictos y cuántas fallas se generan por las consecuencias de actuar así? ¿influyeron los genes o la cultura realmente? No lo creo, al final es una decisión personal. Por supuesto, “quien está libre de culpa… no se distrae arrojando piedras”, mejor se dedica a terminar sus pendientes e irse a vivir cuando termina el horario, tranquilo y satisfecho. Por otro lado, no se trata de irse al extremo del auto-esclavismo a pan y agua (bastante tenemos con algunos jefes expertos en la materia) durante la jornada laboral; hay muchas estrategias simples para trabajar muy bien, cuidando la salud física y emocional y mantener a raya el estrés. Para que las recomendaciones de productividad profesional y hasta personal tengan frutos, lo primero es hacer conscientes los hábitos y tomar responsabilidad de ellos, determinando en qué medida son los que más me convienen. Por eso este artículo es una primera parte, la más importante, por la tarea de observarte a ti mismo durante los siguientes días. Si identificas que sí tienes algo que mejorar y decides hacer algo al respecto, te espero en los siguientes artículos, para construir gradualmente tu mejor entorno y los hábitos más convenientes desde tu propio punto de vista.

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