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Efecto libanés y Punto Final

cotidianidad
política

Pablo Torres Corpus

Economista






Analiza

hace 322 dias


90 seg

Siempre, la escasez ha sido el principal problema económico, recursos limitados ante necesidades y deseos ilimitados, la pobreza es la mejor síntesis de la escasez.

 

Ante este problema, la respuesta fácil es culpar al gobierno o a los extranjeros. Claro que el gobierno tiene algo de culpa cuando se extiende la escasez, claro que algunos extranjeros aprovechan ventajas u oportunidades, pero también es cierto que como sociedad y personas tenemos algo de responsabilidad ante la escasez y pobreza.

 

Podemos culpar a los extranjeros y gobierno de muchas cosas: de falta de facilidades para que la sociedad genere riqueza, poca certidumbre jurídica o seguridad.

 

Pero no podemos culpar al gobierno del conformismo individual, ni del poco espíritu emprendedor, tampoco del desinterés por innovar, ante estas actitudes el gobierno poco o nada puede hacer.

 

Desgraciadamente en muchos casos para despertar el emprendedurismo y el afán de competencia entre los ciudadanos hace falta el efecto libanés.

 

Hace más de ocho años bautizamos como efecto libanés al conjunto de acciones y reacciones de competencia y "despertares" que ocurren en una sociedad o grupo conformista o poco innovador ante la llegada de una persona empresa o grupo competitivo.

 

Le pusimos efecto libanés en honor a los libaneses que a finales del siglo XIX y principios del XX instalaron en nuestro país centenas de comercios competitivos para la época y con innovaciones como el crédito, los "pilones", variedad mercantil y descuentos.

 

Ante las ofertas libanesas y para no perder clientela, muchos comerciantes mexicanos reaccionaron ofreciendo servicios y ofertas similares o superiores a los brindaban los extranjeros, propiciando con esto la sana competencia económica, dinamizando el comercio mexicano y "apapachando" a la clientela.

 

Es lamentable que en muchas ciudades o sectores económicos haga falta que una empresa trasnacional, cadena nacional, franquicia, comercio local competitivo o "jóvenes irreverentes" se instalen para que los empresarios y comerciantes tradicionales, de casa se pongan las pilas y mejoren sus servicios y productos.

 

En todas partes, pero con mayor énfasis en provincia, hemos visto como algunos negocios locales no evolucionan hasta que llegan empresas competitivas a innovar y ganarse la clientela.

 

Luego, con holgada amargura aquellos que nunca se preocuparon por evolucionar se quejan de competencia desleal, desventajas, "robo" de clientela, capitalismo salvaje y un largo etcétera.

 

No todas las empresas innovan y evolucionan por el efecto libanés, pero aquellas que lo hacen obtienen amplios beneficios y se encuentran en mejores circunstancias y herramientas para competir cuando las foráneas llegan. Las que se niegan a innovar simplemente quiebran y desaparecen.

 

Como en todo proceso competitivo hay ganadores y perdedores, en el efecto libanés ganan los de mayor adaptación, los que se deciden a competir y buscan innovar.

 

Los que pierden son como siempre los conformistas, los desidiosos, los pretextistas y los flojos. Y desde luego por este efecto, los consumidores en general nos beneficiamos por el mejor servicio, los descuentos, las promociones e innovaciones.

 

 

Punto Final

El vino: Casa Grande Reserva  2009, Cabernet $ (+-) 520.

El libro: "La chica del tren", Paula Hawkins, Planeta, 2015, $ (+-) 280.

El disco: "En Vivo" Daniel Boaventura. Sony Music 2014.  $ (+-) 240. una probadita aquí.

 

torrescorpus@smartia.digital

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