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El miedo no solo se vive en el cine. Cinco temores difíciles de aceptar.
Bueno sería que solo sintiéramos miedo en el cine, ¿verdad? La realidad es que el temor es parte de nuestras vidas y a veces cuesta mucho

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Xoch Tavera

Profesora de tiempo






Avanza

hace 387 dias


360 seg

Para cerrar el mes de emociones compartidas entre ustedes y yo, aprovecharé la fecha que nos ocupa el día de hoy para hacer mi cierre con broche de oro y hablarles sobre cinco miedos reales que a veces nos cuesta trabajo admitir que sentimos, ¿están listos?

 

Digamos que iremos escalando en grados de temor, como si fueran niveles. Para cada nivel hay una película de miedo. Hay cosas que seguramente ustedes identifican como más aterradoras, pero dependerá de cada uno. Por ahora digamos que nos iremos desde lo más simple hasta lo que cuesta más trabajo aceptar no solo ante otros, sino con nosotros mismos.

 

Pennywise - Intentar hacer algo nuevo

 


 

El temor a lo desconocido siempre nos hace pensar en el mundo de posibilidades negativas que pueden venir con ello. En el nivel del payaso maligno (que se transforma en araña), he colocado el temor a hacer cosas nuevas, intentarlas y probar lo desconocido. Nuestra mente empieza a divagar cuando estamos ante algo de lo que no tenemos referencia alguna: un nuevo trabajo, una nueva materia, una actividad física. Cuando eso ocurre, lo único que queda es hacer lo mismo que los chicos de la película: ponerse de frente y dejar de huirle al asunto para demostrar nuestra propia capacidad. La predisposición llega a ser nuestro peor enemigo si dejamos que se apodere de nosotros.

 

Zombies – Equivocarse



 

En el segundo nivel tenemos esa sensación que se genera entre el estómago y la piel que se enchina. El miedo a equivocarnos. Cuando nos encontramos frente a una disyuntiva y no estamos tan convencidos o cuando creímos haber hecho las cosas bien, pero resulta que en nuestras calificaciones o con nuestros jefe  sucede lo contrario, nos queda la impresión de que hemos fallado y afectado de algún modo a otras personas. Equivocarse es parte de la naturaleza humana y quizá no se nos termine por quitar la preocupación de hacer las cosas bien, pero igual que matar a un zombie antes de que la emoción nos carcoma por dentro, lo mejor es hacernos responsables de cualquier consecuencia y para ello, será siempre ideal ser plenamente consciente de qué es lo que queremos hacer.

 

Jason Voorhees – Burlas

 


 

¡Oh! Empezamos con un nivel interesante. Aquí podemos recuperar la historia del pequeño Jason, que vivió una infancia de burlas y maltrato. Debo confesar que a mí en ocasiones me parece que es casi imposible que haya alguien a quien no le afecten al menos en lo mínimo, las cosas hirientes que pueden llegar a decir sobre él o ella. Creo que en realidad, tenemos el derecho de sentirnos incómodos cuando alguien dice cosas sobre nosotros, aunque sean mentira. La clave es que para ello, tenemos que pedir respeto, pues muchas ocasiones dejamos de hacer cosas, vestirnos de cierta manera, escuchar música, etcétera, porque la gente –aunque lo diga de broma- tiende a hacer burlas. Claro que no vamos a exigir respeto con un machete como Jason, ¿verdad?, pero sí debemos ser conscientes de que podemos y debemos hacerlo y que no debemos dejar de hacer lo que nos gusta solo por temor a lo que los demás tengan que decir al respecto.

 

Ringu – Expresar nuestras emociones

 


 

Un poco relacionada con el temor anterior, está el miedo a la exposición y al ridículo. Expresar nuestras emociones no es una tarea fácil. Un mundo que tiene tan malentendidas las formas en que deben mostrarse las emociones, no está preparado para que nosotros las externemos de forma tan simple. Ejemplos hay muchos: desde los niños pequeños a quienes se les prohíbe llorar, hasta la educación que hemos recibido y que nos permite responder por cortesía que estamos “bien” cada vez que nos preguntan cómo estamos. Sin embargo, poder abrirse es algo que no es tan fácil. Confesar secretos, reconocernos enfadados o tristes y compartir la vida de forma tan íntima está reservada para personas especiales y aun así, cuando nos expresamos sentimos cómo va destapándose algo en nosotros, como una herida. Todos traemos con nosotros nuestro propia película que no quisiéramos que nadie viera; esa que tiene nuestras fallas y lo que a veces ha hecho que nos decepcionemos de nosotros. Creemos que perderemos a las personas abriéndonos y enseñando esa cinta, pero la realidad es que aquellos que valen la pena, estarán con nosotros pase lo que pase y eso no debemos perderlo de vista.

 

Freddy Krueger -  El pasado que no podrá cambiar

 


 

 Esto sí que da miedo, ¿verdad? Las tormentas que pueden crear nuestro pasado en los días actuales, son como nuestro Freddy Krueger, que no solo se nos presenta en los sueños, sino también cuando estamos despiertos. Igual que este asesino, nuestras equivocaciones pasadas pueden llegar a perseguirnos por meses, incluso por años. La culpa y el arrepentimiento son algunas de las marcas más notables en esta cacería. Noches en vela, situaciones y objetos que nos recuerdan cosas, cicatrices, amigos y familiares que ya no vuelven más. Es aterrador porque cuando no sabemos cómo manejar nuestros problemas, cuando caemos en excesos, hacemos cosas sin pensar o lastimamos a las personas es muy difícil liberarse del sentimiento de temor y culpa. Peor aún, nos decepcionamos de nosotros, nos vemos al espejo y no nos reconocemos . Esta sí suena a película de miedo, pero de las taquilleras. La única solución queridos lectores no es más que ustedes y yo nos armemos de valor para acabar con las pesadillas. Aceptar es el primer paso, intentar remediar lo que está mal, puede ser nuestra tranquilidad.

 

Atemorizante, ¿no lo creen? Estos son cinco, pero seguramente ustedes sabrán de más miedos a los que se hayan tenido que enfrentar. Hay temores de la vida real que nada le piden a las historias de ficción que nos ha regalado el cine, pero como verán en prácticamente todos los casos, somos nosotros los encargados de ponerle punto al asunto. No queremos vivir en las pesadillas, ni temerosos de que nos lastimen y por eso el primer paso es aceptar esos miedos y trabajar con ellos. Yo también tengo miedo, ¿saben? Pero poco a poco me voy repitiendo que hay que tomar las cosas con calma, porque en lo personal, prefiero dejarle el terror al cine y acompañarlo por nachos y palomitas.

 

Gracias por seguirme durante este mes que decidí compartir un poco más de mi visión de la vida. Ha sido muy grato poder compartir todas estas experiencias con ustedes y espero también hayan podido tomar algo de mis palabras y aplicarlas en sus vidas. Ha sido un mes con muchas emociones, pero no hay satisfacción más grande que crecer todos juntos, ¿no es así?

 

Si llegaste hasta aquí abajo es porque te tomaste el tiempo de leerme y por eso, ¡Mil gracias! Soy Xoch Tavera. Mi mejor carta de presentación son los textos que escribo. Cuando no estoy en Smartia, me encuentras en mi blog Mujer entre líneas.  La literatura, el lenguaje y la comunicación son mi Top 3, así que me dedico a ellos la mayor parte del tiempo. ¡Me encantaría platicar contigo! Encuéntrame en Twitter y en Instagram.

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