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Hola desde el otro lado
SI HOY ESTÁS QUEJÁNDOTE DE TODO EN LA OFICINA, TOMA UN SEGUNDO, Y EMPIEZA A VER LAS COSAS DESDE OTRA PERSPECTIVA.

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hace 853 dias


420 seg

¿Recuerdas la escena de la película de La sociedad de los poetas muertos en la que el maestro (Robin Williams) habla a sus alumnos sobre la importancia de “mirar las situaciones desde otra perspectiva” y para ejemplificar sus palabras, se sube a una silla para ver la situación desde “más arriba”?

 

Bueno pues algo así es lo que estoy viviendo en este capítulo de mi vida. Las circunstancias han hecho que pueda ver este trayecto no “desde arriba” sino “desde abajo”, porque ahora veo desde una silla de ruedas. Hace 9 meses tuve un accidente en coche; dos fracturas muy graves, de la rodilla izquierda y del tobillo derecho. Es por eso que he tenido oportunidad de estar a ratos en silla de ruedas, y me han venido a la mente algunas reflexiones que me gustaría compartir.

 

La culpa, la mala del cuento… ¡y vaya que es insistente!

 

La verdad de las cosas es que muchas veces me sentí culpable por lo que había sucedido y el hubiera se presentaba como un mosquito en las noches que no deja dormir; hubiera sido más cuidadosa, hubiera tomado otro camino, si ese día no hubiera manejado, etc. Hasta que me di cuenta que era una pista de casete rayado y sin sentido. Recordé lo que tantas veces dije a mis alumnos sobre la capacidad de nuestra libertad interior. Sentí una invitación muy cordial de la vida para ser congruente (algo que intento y que definitivamente sigue siendo un reto).

 

Esta invitación se me hizo clara al recordar aquellas lecciones en las que hablábamos sobre la libertad en el salón de clases y leíamos El hombre en busca de sentido de V. Frankl. Hay un capítulo que me parece el mejor del libro, que se titula precisamente La libertad interior en dónde el autor explica que el ser humano puede ser privado de todas las libertades. En el caso de los campos de concentración podemos imaginarnos el extremo al que esta afirmación puede llegar, la libertad hace referencia a la cantidad de opciones que tenemos para elegir, ser, hacer, vestir, ir, pensar, decir, creer… y aún privado de todas las libertades, cuando parece que ya no se puede hacer una elección, podemos decidir sobre la actitud con la que quiero vivir la circunstancia concreta que la vida me presenta en este momento y que no puedo cambiar.

 

Entiendo que en medida de las posibilidades podemos ser previsores, cuidadosos con nuestras decisiones y con nuestros pensamientos para atraer cosas positivas. Pero tarde o temprano las cosas pueden salirse de control, porque aunque somos parte de una naturaleza eterna y perfecta, al mismo tiempo somos seres limitados; es uno de los grandes misterios de nuestra existencia y es precisamente en estas situaciones que se salen de nuestro control, en las que podemos hacer uso de nuestra preciada capacidad interior de elección:

 

Puedo tirarme al desastre del drama (que la verdad sÍ lo hago, solo trato de no excederme de tiempo: roba mucha energía) o puedo abrir los ojos y el entendimiento para aprender.

 

Aprender a ver como ven los niños

 

Y no en un sentido metafórico sino literal, ya que al estar a la altura de ellos, puedo ver lo que ellos ven. ¡Por ejemplo los dulces del Oxxo! Un mundo que volví a descubrir. Cuando mides un metro o poco más, todo tiene más colores!

 

Pero definitivamente mi parte favorita es cuando voy en el centro comercial y me topo con las miradas de los niños, los que van en sus carriolas, son mis vecinos en los elevadores y mi sonrisa siempre tiene respuesta. Algunos van de la mano de su mamá o su papá y se voltean para observarme bien y preguntar: "¡Mamá; ¿Qué le pasó?!" Imagino las historias que habían tenido que inventar y cómo habrían aprovechado para dar una lección, algo como: "le pasó porque no comía verduras", o, "es que pelaba mucho con sus hermanos…" Los padres son muy creativos al inventar estas historias, pero al menos mi situación sirve de lección.

Seguro es que ayuda para convivir con los niños e intentar volverme pequeña con ellos, esto se aplica para las virtudes lindas de los pequeños como la inocencia, la alegría, la humildad, y en mi caso también aplicó para los berrinches.

 

¡Quiero mis zapatos de plataforma!

 

Soy una chica de baja estatura, me encantan los zapatos, las plataformas, las faldas, los shorts, etc. Tuve, hace poco, una fiesta y me sentí muy triste de ir con vestido y ¡tenis! Nunca antes lo hubiera hecho, ¡sería algo impensable! Ese día mis complejos empezaron a llenar mi cabeza y sí que lograron nublar mi ánimo; definitivamente fue un reto para decirme todas las cosas que me gustan de mí misma, de mi carácter, de mi interior y mi exterior; una vez más una oportunidad para re-significar las circunstancias, para re-armar mi guión mental sobre mí y después de una chilladita (porque se vale la desahogada); me tranquilicé y agradecí por tener mis piernas que aunque débiles y chuecas: mías.


Creo que al final terminé más segura de mí, pero no por mérito propio sino por el amor de las personas que están a mi lado y son mi soporte.
Que ven más allá de “la persona con las piernas accidentadas”, que algunas veces no logro ver ni yo. Creo que en eso consiste el amor y la capacidad de inspirar. Y quien te ama, te inspira, ve lo que tú no ves de ti.


Estoy segura que lo que más me ha movido a no dejarme, ha sido la fuerza que han depositado en mí aquellos que me aman. Es muy bonito afirmar que
nuestro valor está en el ser y no en el tener. Y me doy cuenta que es todo un reto verme a mí misma desde esta perspectiva, y mi propósito es: hablar bien de mí conmigo misma. Creo que es una buena manera de que las cualidades, al enfocarme en ellas, se vayan haciendo grandes. Y los defectos, que son parte de mí, se irán haciendo pequeños o menos importantes a fuerza de enfocarme en las cualidades.

 

El “otro lado” también incluye caminar con bastón

 

Ya te imaginas de quién voy a hablar al comentarte que me identifiqué cuando uso el bastón o la andadera. Sí, con las personas mayores, de las que también, así como de los niños, tenemos mucho que aprender. Esta limitación de la que hablaba, la que te hace humilde por fuerza o te amarga, es una decisión personal. Definitivamente esta debilidad es fuerza, la fuerza de la experiencia de vida y del legado que nos dejan las personas mayores. En mi caso, afirmo con gran amor que una de las personas que más admiro es mi abuela y es la que siempre me da los mejores consejos. Ahora hacemos chistes sobre quién puede ir más rápido o quién ayuda a quién a caminar. Quisiera decir a este respecto que no nos dejemos llevar por el utilitarismo tan de moda en estos tiempos enfocados solamente en la productividad, donde las personas mayores entre menos pueden hacer o producir, menos cuentan o menos valen. Atrevámonos a escuchar sus consejos aunque nos parezcan anticuados: “toda persona es superior a nosotros en algún sentido, en ese sentido aprendemos de ella”.

 

Y por último: REGAÑAR

 

A los que se estacionan en los lugares de discapacitados, a los que se suben al elevador y pueden caminar perfectamente, a los que se estacionan donde hay rampas, a los que no dimensionan que hay personas que necesitamos esos lugares. Creo que es algo de sentido común pero ahora que estoy del otro lado, me doy cuenta que no: hay mucha gente inconsciente (podría poner muchos más adjetivos despectivos porque en verdad me molesta). Es urgente hacer conciencia y cultura para incluir a las personas que necesitan silla de ruedas, bastón, andadera, o cualquier aparato ortopédico para poder caminar.

 

Quiero por último agradecer a todas las personas que sus vidas “marchan sobre ruedas” de las cuales he aprendido tanto. Las palabras se quedan cortas para expresar lo que en su silencio su ejemplo de vida nos gritan la fortaleza de la debilidad.

smartia, 2016. Derechos reservados