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La guerra de Paz y Punto Final

cotidianidad
política

Pablo Torres Corpus

Economista






Analiza

hace 612 dias


240 seg

Ayer (31 de marzo) se cumplieron 102 años del nacimiento de Octavio Paz Solórzano, y contrario a lo que suele ocurrir en la mayoría de los medios y redes sociales cuando se conmemora el natalicio de un ícono cultural, en esta ocasión apenas se recordó y por encimita al Nobel mexicano.

 

No creo que las omisiones sean por el tiempo en que nació o por el lapso desde su muerte; muchos otros autores han nacido y muerto mucho antes y son recordados como si hubieran sido hace poco y en algunos casos, como si aún se estuviera rezando la novena.

 

Tampoco creo que no se le recordara ampliamente por lo “difícil, elitista” o dificultad de su obra. Tiene piezas de extrema y delicada sencillez; autores realmente complejos son celebrados como si hubiesen compuesto las mañanitas.

 

Estoy seguro que el olvido no es por escasa difusión de su obra, al ser el primer Nobel de literatura mexicano tuvo amplia promoción antes y sobre todo después de ser laureado, adicionalmente su legado se extendió a publicaciones esplendidas y populares como: la revista mexicana de literatura, Plural, Vuelta y Letras Libres (post mortem); otros autores han sido menos populares y mucho menos leídos pero son más recordados.

 

Pero, ¿entonces por qué Octavio Paz no es recordado o goza de la celebridad post mortem tan común en los literatos?

 

Tal vez la respuesta sea: por su espíritu rebelde. Por haber osado cuestionar y evidenciar muchas de las incongruencias e inconsistencias de ese híbrido llamado izquierda latinoamericana.

 

Si Octavio Paz no hubiera roto con las vacas sagradas de la intelectualidad de izquierda latina y no hubiera cuestionado a sus líderes, tal vez hoy sería trendig topic. Tendría infinidad de homenajes y suplementos enteros dedicados a su vida y obra.

 

El reconocimiento a la genialidad literaria y poética de Paz se ha regateado por sus ideas liberales.

 

Cuando toda la intelectualidad latina y buena parte de la europea formaban sin cuestionar en las izquierdas socialistas y/o comunistas, Octavio Paz procuró mantenerse escéptico y se ubicó en una izquierda liberal.

 

Y desde ahí, con sólidos argumentos Paz empezó a desmenuzar símbolos, ideas y mitos sagrados e intocables para la intelectualidad y política de su época.

 

En 1967 siendo Embajador en la India públicamente rompió con el comunismo y el ideal de la revolución mexicana.

 

Desde entonces inició casi en solitario una lucha ideológica contra el corporativismo del gobierno nacionalista mexicano y el obcecado dogmatismo de la izquierda.

 

Eso le valió que la intelectualidad latina e instituciones afines al gobierno lo relegaran.

 

En el gobierno “lo cortaron” de eventos y editoriales. La izquierda dogmática además de marginarlo no perdía ocasión para mentarle la madre.

 

Caso curioso, en muchos de estos difíciles episodios Paz contó con la solidaridad de pocos, entre ellos Mario Vargas Llosa y Emilio Azcarraga Milmo. El tigre, que era fan de la obra de paz.

 

Que Paz cuestionara las dictaduras en Latinoamérica, al ogro filantrópico de México o a los amados símbolos y personajes de la izquierda dogmatica, le salió caro.

 

Prefirió llevar la avanzada intelectual en vida que “comprar” un sitio después de su muerte.

 

El desacople fue el costo de ser el primer “socialista libertario”.

 

Punto Final

 

El vino: Casta Tinta 2012 Syrah 100%. Baja California $ (+-) 600.

 

El libro: "Libertad bajo palabra", Octavio Paz, editorial Fondo de Cultura Económica, 1995, $ (+-) 170.

 

El disco: "Two men with the blues"  Willie Nelson & Wynton Marsaliseling. Blue Note Records 200. $ (iTunes) 140, Una probadita aquí.

@torrescorpus

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