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hace 67 dias


90 seg

Somos lo que hablamos, el lenguaje nos construye y también nos destruye. Séneca escribió que “la conversación es la expresión de nuestro modo de pensar”. Heiddeger, el filósofo alemán, sentenció, “solo hay mundo donde hay lenguaje”. No he conocido aun, alguien que se aventure a una contratación laboral sin un diálogo previo.


La paremiología es la ciencia que estudia los dichos y refranes. Como dijo Gabriela Mistral, he visto muchas cosas por aquello que ve mucho el que camina, por más distraído que sea… y he observado que nuestra cultura cuenta con ciertos dichos que construyen nuestra óptica, educativa y empresarial. Pidamos a esta disciplina algunas reflexiones para construir mejores organizaciones.


“Déjalo, ya mañana será otro día” no expresa lo que muchos opinan, la esperanza mexicana, expresa un afán por trasladar la responsabilidad a alguien más. No dice de la vocación a corregir lo actuado por nuestros propios méritos y esfuerzos, dice que nada debe quitarte la tranquilidad del sueño, quizá esa sea la felicidad del mexicano, el sopor y falsa esperanza que sin nuestro esfuerzo se repare todo. Contradice a aquel que invita siempre al trabajo “a Dios rezando y con el mazo dando”. También afirmamos que “la oportunidad la pintan calva”, para referirnos a que será la suerte, (que no concebimos como capacidad y oportunidad) sino como encuentro fortuito y sin advertencia, y sin la capacidad de asirla de su pelaje (por más machista que esto suene), el éxito de nuestro destino.


Nuestra cultura, resultado de la interacción, debe buscar claridad, principio innegable del liderazgo, pero no ayuda mucho el ambiguo cuarto tiempo de nuestro mexicanísimo argot. El “ahorita” se encuentra en pasado (Llegué ahorita hace 5 minutos), en futuro, (me voy, ahorita regreso) y en presente, (lo queremos para ahorita). Esta celebre palabra, que agobia a cuanto extranjero pretende comprenderla, nos ha llevado a perder claridad y dejar las instrucciones y reglas del juego al expositor más que al participante.


 “Más vale malo por conocido que bueno por conocer”, apuntó Andrés Oppenheimer que esta conformista sentencia resultó un incentivo para la inversión cuando China pregonaba su mercado laboral barato. Pues el abaratamiento no genera lealtad, la rotación era pesada en las empresas ubicadas en el asiático continente, y sin embargo esa conversación permitía al trabajador mexicano mantenerse en su trabajo, desechando incluso ofertas mejores de otros lugares.


Escribió Winston Churchill que “una buena conversación debe agotar el tema y no a los interlocutores”, dura empresa. Hasta aquí dejaremos pues la reflexión. 


vía Héctor A. Gil Müller

@hectorgilmuller

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