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Veo, veo, ¿qué ves? Mas bien, ¿Qué observas?
DEJA DE SÓLO MIRAR Y EMPIEZA A OBSERVAR TU MUNDO. TAL VEZ UN PAR DE COSAS PUEDAS APRENDER.

inventiva
diseño

Karlis Gama

Visualista






Aprende

hace 547 dias


360 seg

¿Qué ves en la siguientes fotos?

 




 

Si has encontrado la mantis religiosa, el pez piedra y el felino, has dejado de sólo mirar para empezar a observar.

 

Todo conocimiento se origina en la observación. Para practicar la creatividad y sobre todo innovar; debemos ser capaces de percibir el mundo. La observación es una habilidad adquirida. Si bien hay individuos que nacen con la aptitud y coordinación oculomotora necesaria para captar lo que están observando, en la mayor parte de los casos, el ojo y le resto de los órganos sensoriales, deben ser adiestrados mediante la percepción dirigida y el registro; un entrenamiento que en palabras de Konrad Lorenz, etólogo austriaco, Premio Nobel Fisiología; la observación “requiere la paciencia de un yogui”.

 

Cuando Pablo Picasso, dijo que quería ser pintor, su padre le comentó: “Estoy decidido a que te conviertas en pintor, pero antes debes aprender a dibujar y eso es algo muy difícil”. Entonces, su padre que era profesor de arte y especialista en palomas, le dio una pata de paloma para que practicara. De vez en cuando, revisaba los dibujos y le pedía que lo hiciera otra vez, y otra. Finalmente llegó el día en que su padre le dio permiso para dibujar lo que el quisiera. Se sorprendió que a sus quince años, podía dibujar rostros, figuras y composiciones, porque la práctica que realizó al dibujar patas de paloma le enseñó a capturar el misterio de las líneas y los nudos que la componían, logrando aplicar la observación a cualquier cosa. Por su parte, Matisse, se centraba en dibujar personas en movimiento por las calles de Paris. Disciplinaba su observación para, después de práctica, lograra captar de un vistazo los rasgos distintivos de un gesto o de una actitud.

 

La escritura también requiere una gran capacidad de observación; los escritores deben estudiar incesantemente a sus semejantes, no solo en apariencia física, sino su conversación y su conducta, similar a la información que el científico recopila la información necesaria para sus experimentos. La credibilidad de cualquier personaje exige un profundo conocimiento del modo en que las personas comunes y corrientes responden a las palabras, gestos y hechos.

 

No sólo es arte y literatura

 

La observación no se limita al plano visual o artístico. La observación constituye el pilar fundamental sobre el que se asienta la ciencia. Karl von Frisch, descifró el lenguaje oculto de la danza de las abejas, gracias a las horas pasadas inmóvil observando la vida de las mismas, incluso aquellos detalles insignificantes. Sin embargo, no basta con observar, uno también tiene que saber qué buscar y cómo encontrarlo. Pongamos el ejemplo de los fósiles, cuyo color muchas veces se confunde con la arena y tierra en la que están enterrados.

 

Tampoco se limita al aspecto visual. La pérdida de un determinado sentido, puede alentar el uso de los demás órganos sensoriales, aunque no necesariamente garantiza su mayor agudeza. Si se falta de vista, por ejemplo, se aprenden a percibir estímulos que generalmente ignoramos, que llevan a comprensiones singulares. Sonidos, olores, formas y texturas, generan una “imagen” vívida del entorno del mundo que le rodean. El evolucionista Geerat Vermeji, con ceguera desde muy joven, reconocía con facilidad aves que a primera vista parecían iguales mediante el tacto de los especímenes disecados, a través de cambios de textura a veces tan sutiles que el resto de los alumnos que se habían confiado de la vista, no se daban cuenta.

 

La observación de olores y de los sabores también desempeña un importante papel, no solo a los perfumistas, los catadores de vino, los maestros cerveceros, los chefs, entre otros. Los médicos, por medio del olor, pueden reunir información sobre el estado de salud, por ejemplo el estrés (que es evidente ante el aumento de olor corporal), la cetosis diabética (detectable por el olor a acetona en el aliento), y las enfermedades renales (en las que la respiración huele a pescado por la descomposición de los derivados del amoniaco).

 

¿Alguna vez has observado que los plátanos cambian de color cuando se golpean? Szent-Györgyi se había dado cuenta de lo mismo; resulta que las plantas tienen compuestos llamados polifenoles que, al reaccionar con el oxígeno dan lugar a ese color oscuro en la fruta. Y se hizo una nueva pregunta; ¿Por qué otros frutos al golpearlos no tienen ninguna reacción? Y descubrió que una sustancia semejante al azúcar impide la formación de polifenoles y por lo tanto su transformación a manchas marrones. Así, Szent-Györgyi descurbrió la vitamina C.

 

Las ideas preconcebidas pueden también afectar la percepción de otras modalidades sensoriales. Nuestros “sentidos mentales” que controlan a nuestros “sentidos corporales” filtran y distorsionan lo que experimentamos, imposibilitando una observación objetiva. Por ejemplo, imaginemos que hemos extraviado unos zapatos rojos en nuestra habitación. Seguramente estaremos en busca del color rojo. Sin embargo, no recordamos que las suelas son blancas. Han pasado totalmente desapercibidas en nuestro suelo blanco, hasta que tropezamos con ellas y exponemos el lado rojo. Otro ejemplo es creer que se está comiendo determinada fruta, cuando en realidad se ha consumido otra; lo que produce una distonía entre ambos; tal vez era un melón el que se pensaba se estaba degustando y con la idea preconcebida de “melón”, el gusto identificó que en realidad se trataba de papaya, encontrando ambos conceptos incompatibles e incluso desagradables, aunque la papaya sí sea de tu agrado.

 

Observar es una forma de pensar y pensar es una forma de observar. Szent Györgyi sostenía que “el verdadero descubrimiento consiste en ver lo que todos ven y pensar lo que nadie ha pensado”. La observación da sentido a la sensación; como lo da Sherlock Holmes para descubrir los misterios.

 

La capacidad de observación tiene que ejercitarse. Observar los objetos cotidianos, la sublimidad de lo mundano. Advertir sus sensaciones táctiles y aromáticas. Luego tratar de recordar o dibujar lo mas posible tal objeto, como lo hizo Picasso. Hay tanto que percibir de la cotidianidad.

 

Tocar y saber de qué objeto se trata sin ver; identificar a un pájaro por medio de su canto, identificar hierbas sólo por su olor, determinar lo que ocurre a nuestro alrededor tan solo por el sonido. Escuchar la televisión sin mirarla o por el contrario, ver la televisión sin sonido también son experiencias que ejercitan la observación. Abrir bien nuestros sentidos para observar aquello que el mundo nos dice y muestra, para que lo menos obvio deje de ser irrelevante.

 

Ser estudiosos de una colección, por ejemplo, de sellos, monedas, pinturas, son métodos para ejercitar nuestra observación visual. Grabar el canto de los pájaros, de los animales del jardín, en el bosque, en el zoológico. Degustar vinos, chocolates o quesos en sus distintas variedades, también son ejercicios que podemos practicar.

 

El único regalo que tiene la observación es la capacidad de seguir formando a personas capaces de seguir aprendiendo durante el resto de su vida. ¿Necesitas más razones para dejar de mirar y empezar a observar?

 

FUENTES:

Observación

ROOT-BERNSTEIN, (2002), El secreto de la creatividad, Editorial Kairos, España.

smartia, 2016. Derechos reservados